viernes, 6 de diciembre de 2019

¿SABES CON CUÁNTAS COPAS DAS POSITIVO?




Ya están aquí las comidas y cenas de Navidad ! Después de estos encuentros, en los que probablemente nos excedemos un poco con la comida y la bebida, todos nos sentimos con valor para ponernos al volante después de haber consumido un poco de alcohol.

La condena penal por alcoholemia será de prisión, o multa, o trabajos en beneficio de la comunidad y con la retirada del permiso de conducir.
El art. 379 del Código Penal establece la condena penal por alcoholemia en la conducción.

Dicho artículo dispone que aquella persona que diese una tasa de alcohol de en aire espirado superior a 0,60 miligramos por litro o una tasa de alcohol en sangre superior a 1,2 gramos por litro,  será condenado a una pena de:
PENA DE PRISIÓN  de 3 a 6 MESES o la PENA de MULTA de 6 a 12 MESES o la PENA DE TRABAJOS EN BENEFICIO DE LA COMUNIDAD de 31 A 90 DIASy en cualquier caso, con la de RETIRADA DEL PERMISO DE CONDUCIR vehículos a motor y ciclomotores por tiempo superior a UN AÑO y hasta CUATRO AÑOS.

Pero ¿sabes que el alcohol no afecta a todos por igual? ¿Sabes con cuántas copas das positivo? Dependerá de tu peso, de lo que hayas comido antes de consumir, del tipo de alcohol y de la cantidad que hayas tomado…
En las siguientes animaciones, podrás ver con cuántas copas vas a marcar positivo en un control de alcoholemia, en función de tu sexo y de tu peso aproximado, y en función del tipo de alcohol


miércoles, 4 de diciembre de 2019

LA NAVIDAD: UN AÑO MÁS EN NUESTRO HABER


Queridos paisanos y paisanas, ya estamos en diciembre, el mes de la navidad. En un suspiro, llegamos a la noche vieja y al punto de salida de un nuevo año. Y un año más en nuestro haber.

Dicen que la experiencia es un grado. Si eso fuera así y la vida fuera la milicia yo ya habría alcanzado el grado de general. Dicen también que a medida que cumples años te haces más maduro. Y alguno, como el dueño de esta furgoneta, pregona que no te haces más viejo, sino más sabio. No estoy de acuerdo en que cumplir años sea sinónimo de madurez o de sabiduría. Solo se llega a la  madurez y a la sabiduría si aprendemos de todo cuanto nos acontece en la vida, de lo bueno y de lo malo. Seremos más maduros y más sabios si aprendemos a levantarnos o a no caer ante el más mínimo tropiezo. Mi abuela Amparo (Mamamparo) me solía decir ante cualquier adversidad: Juan José, el que tropieza y no se cae adelanta un paso. Y como mi abuelo Juan José (Papache) estuviera cerca y la oyera añadía: Y quien no cae no se levanta. Con el tiempo supe que las palabras de mi abuelo eran unas palabras puestas en boca de uno de los personajes de Tirso de Molina. No creo que mi abuelo Juan José, que era un excelente artesano, talabartero por más señas y un hombre leído,  conociese las obras teatrales  de este insigne autor dramático y narrador del Barroco.


La madurez se logra cuando uno aprende de la vida. Cuando volvemos a levantarnos una vez que hemos caído. Cuando no caemos en lo más profundo. Cuando evitamos  tropezar una y otra vez en la misma piedra. Cuando damos importancia a aquellas cosas que reamente la tienen  y pasamos de aquellas otras que son intrascendentes. Entonces y solo entonces empezaos a hacernos maduros y sabios.

Hemos entrado en Diciembre y ha quedado atrás  esa horrible americanada conocida como Black Friday (Viernes Negro). ¿Por qué la gente es tan dada a copiar americanadas como esta?

Pasan los días de diciembre y la Navidad se huele cada vez más cerca. Será un buen momento para estar con nuestra familia y amigos, para recordar a los que se fueron, para estar  con vuestros abuelos a los que presumiblemente les  quedan menos años que estar en este mundo medio loco.

Cuando llegan estos días, los recuerdos de mi niñez se me amontonan y se tropellan los unos a los otros. Unos buenos, otros menos buenos y algunos malos. Entre los buenos de estas fechas están el montaje del belén en la iglesia, los villancicos y la Misa del Gallo. De los malos, mejor no hablar.

Cómo disfrutábamos los niños con los preparativos y el montaje del belén cuyo artífice principal era nuestro entrañable paisano Seve. Él dirigía, daba órdenes y nosotros disciplinados las  cumplíamos. Ibamos al pinar de la Vicaria a por musgo, esa planta que crece en abundancia en lugares sombríos sobre las piedras, en el suelo o en la corteza de los árboles. Hoy ni lo piensen. Cualquier cosa para decorar el belén menos musgo. Se trata de una planta clave en los ecosistemas. He leído que la multa puede llegar hasta 200.000 euros por arrancarlo de su hábitat. Menos mal que en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado había otras preocupaciones.

Era un bonito belén. No faltaba de nada: el pesebre, San José, La Virgen, el niño Jesús, la mula, el buey, los pastores, la casa de Herodes, ¿o quizá fuera la de Pilatos? Sus montañas, sus ríos y un gran cielo azul muy estrellado. 

Campana sobre campana
Y sobre campana una
Asómate a la ventana
Verás el niño en la cuna

La Virgen se está peinando
Entre cortina y cortina
Sus cabellos son de oro
Y el peine de plata fina
  
Hacia Belén va una burra, rin, rin
Yo me remendaba, yo me remendé
Yo me hice un remiendo, yo me lo quité
Cargada de chocolate

Son las letras de los villancicos de toda la vida, los que se cantaban desde el coro en algunos momentos de la Misa del  Gallo y al final de la misma mientras D. Pedro, el cura, sostenía aquel niño Jesús y la gente pasaba en riguroso orden y besaba la  rodilla de aquella pequeña imagen. D. Pedro, a continuación, le pasaba un paño limpio  y quedaba preparada para el siguiente  feligrés que aguardaba su turno. La acción se repetía una y otra vez hasta que habían pasado todos los asistentes a la misa. Mientras se oían bonitas voces cantando los villancicos a los acordes de la guitarra, el laúd y las panderetas. Al lado de D. Pedro, un monaguillo sostenía una cestita. Aquel ósculo dado al niño Jesús, mientras la gente del coro entonaba uno y otro villancico bien merecía que los puenteños y puenteñas  con más posibles se desprendiese de alguna moneda y fuera a caer a la cestita.





Detrás, como fondo, aquel belén de considerables dimensiones que, una vez desplazado San Isidro, ocupaba todo el frontal del altar mayor cuando este quedaba cercado por aquella bonita balaustrada.





jueves, 21 de noviembre de 2019

EL VIENTO Y EL EFECTO PANTALLA

JUANJO OLIVAS











La Aemet tiene previsto activar este viernes,  22 de noviembre, el aviso amarillo por viento en la capital, montes y la sierra de Cazorla, Segura y Las Villas.


¡Ojo, paisanos y paisanas, si utilizas el coche estos días de viento!

El viento es un riesgo añadido a la circulación. El no tenerlo presente nos puede costar un disgusto. A este riesgo se le conoce como efecto pantalla.

Sin duda, el hecho de que sople viento ya es, de por sí, un peligro en carretera, fundamentalmente  si conduces una moto,  pero  especialmente se agrava, sea conduciendo una moto o un coche, cuando el viento llega de repente y de forma inesperada como ocurre a la salida de un túnel o al adelantar a un vehículo muy voluminoso, camión o autocar.





Situaciones como estas son las que provocan eso que llamamos efecto pantalla que no es otra cosa que una  interrupción temporal del viento que sopla.  Cuando se produce este efecto, el conductor sentirá cómo su vehículo se desplaza violentamente de forma lateral debido al empujón que produce el viento, pudiendo ser muy peligroso si está desprevenido y, por ejemplo, llega a terminar invadiendo un carril distinto (tanto en sentido contrario como en el propio) o saliéndose de la vía.


Como medida preventiva debemos anticiparnos y estar preparados.

Cuando salgamos de túneles o zonas resguardadas en las que de repente pueda soplar viento o al adelantar a un vehículo voluminoso, camión o autocar conviene estar atento y esperar este “empujón” con las manos bien fuertes en el volante para corregir la dirección y evitar que el vehículo se desplace de la trayectoria segura.





Es una acción simple y sencilla pero suficientemente eficaz para evitar un accidente.









sábado, 2 de noviembre de 2019

FELIX VILLALBA GARRIDO


EL PRIMER CONDUCTOR DE NUESTRO PUEBLO, PUENTE DE GÉNAVE, Y EL 821 DE LA PROVINCIA DE JAÉN

El constante aumento de automóviles a partir de 1900 exige la aparición de un nuevo reglamento, más acorde con los nuevos tiempos.  Y ese reglamento llegó Se hizo efectivo mediante el Real Decreto del Ministerio de Fomento de 23 de julio de 1918, firmado en San Sebastián por el Rey Alfonso XIII a propuesta del ministro catalán Francesc Cambó. Al amparo de este nuevo reglamento obtuvo el permiso de conducir el puenteño Félix Villalba.

Corría el mes de abril de 1923, cuando nuestro convecino Félix Villalba Garrido, a la sazón con 30 años y casado, decide  hacerse chofer. Hasta entonces su profesión fue la de albañil, como la de su padre.

No tengo conocimiento de quién le enseñó a conducir, ni cuándo ni cómo aprendió. Pero sí sé que por los documentos que constan en el Archivo Histórico Provincial de Jaén que con fecha 24 de abril de 1923 se abre un expediente en “Obras Públicas De Jaén” con una instancia, a nombre de Félix Villaba Garrido, vecino de Puente de Génave, solicitando el permiso para conducir automóviles con motor mecánico de la 3ª  categoría.




Eran considerados vehículos de la tercera categoría, según el reglamento de 1918, los automóviles y, en general, los vehículos de tres o más ruedas, con pesos y cilindrajes superiores respectivamente, a 500 kilogramos y 1.100 centímetros cúbicos.

El primer paso que tuvo que dar Félix para obtener el permiso fue dirigir una instancia al Gobernador Civil de Jaén.



Félix, además de sus datos personales, hacía constar en sus instancia: Que considerándome con aptitud para conducir vehículos con motor de la 3ª categoría (…) se sirva, previos los trámites oportunos, expedirme el permiso correspondiente para poder conducir por las vías públicas…

La instancia entra en el Registro del Gobierno Civil el dia 24 de abril de 1923. Al día siguiente se ordena, mediante oficio, al ingeniero industrial D. Ángel Méndez Orbegozo que proceda al examen de aptitud del peticionario. El 27 de abril el ingeniero cumplimenta el servicio. Y con la misma fecha envía acta certificando que ha procedido a examinar a D. Félix Villalba y que en las pruebas practicadas ha demostrado aptitud suficiente.

Traducido al lenguaje del pueblo: Félix había aprobado el examen de conducir; era el primer puenteño que lo conseguía.


Con fecha 8 de mayo de 1923, el Gobernador Civil de Jaén expide el permiso de conducir a D. Félix Villalba Garrido con el nº 831



Félix, junto con la instancia, presentó los documentos exigidos:

-     Dos fotografías del tamaño de  0.045 por 0.045.
-     Certificado médico de no padecer enfermedad de la vista u oído, ni otras dolencias que le incapaciten para la conducción del vehículo; firmado y escrito de su puño y letra en papel de 2 pesetas y con el sello del Colegio de Huérfanos de María Cristina por D. Ramón Ruiz Frías, que fue médico titular de Puente de Génave desde que ganó la plaza convocada por el Ayuntamiento de la Puerta de Segura en 1918 hasta su jubilación.
-     Certificado de buena conducta en papel de 2 pesetas firmado por D. Adriano Marín Rodríguez, alcalde a la sazón, de la Puerta de Segura.
-     Certificado del acta de nacimiento del Registro civil, en papel de peseta.

A partir de aquí Félix Villalba Garrido, de 32 años, figurará como chofer. Era una profesión nueva y rara. Su primer coche, un Ford T de 1915  con matricula J-4640; lo compró en autosport de Villanueva del Arzobispo. Lo dedicó al servicio público (Taxis). Tuvo otro Ford comprado en Albacete con matricula AB-3195 que le entregaron un 20 de septiembre y lo estrenó haciendo viajes a la feria de la Puerta de Segura. Ya se ganaba la vida ejerciendo su nueva profesión, la de chofer. Hasta entonces fue albañil, oficio que aprendió de su padre. 




POR LOS MONTES DE LA SIERRA DE SEGURA


viernes, 27 de septiembre de 2019

ESTAS COSAS PASABAN EN… LA ANTIGUA ROMA


Roma, en la antigüedad, era  una ciudad bullanguera, ruidosa y bastante indisciplinada  en cuestión de circulación de vehículos a pesar de ser un dechado de organización administrativa. Sus calles (angiportus)  no habían sido diseñadas para aquel tráfico. Se llegó a restringir la circulación de carros a determinadas horas del día.

En las calles había tiendas y talleres  de herreros, carpinteros, barberos, zapateros, laneros, peinadoras, bataneros, carniceros, tintoreros, etc., que no dudaban en reclamar la atención de los paseantes de la manera más ruidosa e incluso incómoda para la circulación. A los carpinteros se les permitía sacar a la calle sus  ruedas y los  bataneros sus vestidos, pero debían colocarlos de modo que no impidieran el   tránsito de los  vehículos. Las autoridades romanas hacia grandes esfuerzos para mantener la libertad de circulación de peatones y vehículos. Llegó a disponer de un cuerpo de policía de la vía pública. Para los romanos era muy importante la libertad de movimiento.

Roma tuvo un  servicio oficial de correos (cursus públicus) muy eficiente bajo las ordenes de un director general (praefectus etriculorum) a cuyas órdenes estaban los jefes de distrito (manceps). Por otro lado, las empresas y grandes señores disponían de correos privados. Cuando el destinatario vivía en la ciudad se utilizaba un recadero (tabellarius). Eran como los carteros en nuestras ciudades.

En la actualidad todas las ciudades, incluso los núcleos de población pequeños, disponen de un nomenclátor de calles. En un primer nivel, el nomenclátor sirve para orientar geográficamente a los ciudadanos en la urbe y para facilitar el intercambio comercial y personal. Los nombres de las calles, junto a los números de los edificios, permiten ordenar la ciudad e identificar los lugares según un criterio sistemático y racional. Los nombres de calles y los números de casas tienen gran  importancia en el establecimiento de la vida social moderna de cualquier urbe.

A pesar de que “nomenclátor” es una palabra latina, a los romanos de aquella época no se les había ocurrido hacer uno de la ciudad más influyente  de la época. Aunque parezca mentira, las calles y plazas de Roma no tenían nombre y las casas no estaban numeradas. Debería ser complicado encontrar el destinatario de una carta en una ciudad de más de un millón de habitantes



Las referencias que daban para indicarle a alguien como llegar a un lugar eran curiosísimas. Así lo refleja Terencio en su comedia de “Los hermanos”. El dialogo entre Siro y Demea, personajes de su comedia, nos puede parecer una cómica exageración, pero nos da una idea de lo complicado que podría resultar el encontrar una dirección en la Roma de aquel tiempo.  


Así fueron las referencias que dio el esclavo Siro al anciano Demea:

(…)
Demea.- Pensando estoy dónde le iría yo a buscar.

Siro.- Yo sé dónde; pero no te lo diré hoy en todo el día.

Demea.- ¿Qué dices?

Siro.- Lo que oyes.

Demea.- Menudillo he de hacerte la cabeza.

Siro.- Pero es que no sé el nombre de aquel hombre..., aunque sé el lugar donde está.

Demea.- Dime entonces  el lugar.

Siro.- ¿Sabes aquella lonja…, la que está junta a la carnicería…, a la parte de abajo?

Demea.- ¿Pues no he de saber?

Siro.- Cruza por allí la plaza todo derecho; cuando llegues allí, hay una cuesta que baja; déjate caer por ella; después a esta mano hay un oratorio, y junto a él, un callejón estrecho.

Demea.- ¿Hacia qué parte?

Siro.- Allí donde hay también una higuera silvestre.

Demea.- ¡Ya…!

Siro.- Pues camina por allí.

Demea.- Pero ese callejón no tiene salida.

Siro.- Realmente que dices la verdad. ¡Bah! Me equivoqué. Regresa  otra vez a la lonja: por aquí, en verdad, irás mucho más pronto y hay menos donde errar. ¿Sabes la casa de Cratino, éste que es tan rico?

Demea.- Sí.

Siro.- Pues cuando la hayas pasado, sigue  a la mano izquierda y todo derecho por la plaza. Cuando llegares al templo de Diana, vete a la derecha, y antes de llegar a la puerta de la ciudad, junto al mismo abrevadero, hay un molino y enfrente una carpintería: allí está.

¿Creen ustedes que, con aquellas explicaciones, el anciano Demea llegaría a encontrar el lugar que buscaba? Con lo fácil que hubiera sido indicarle por ejemplo: está en la Vía Apia, nº 95.


miércoles, 4 de septiembre de 2019

PÓNTELO, PÓNSELO


Parece que fue ayer, pero ya han transcurrido casi treinta años. Corría el año 1990 cuando, de manera novedosa para aquellas décadas, la administración, gobernada entonces por el PSOE de Felipe González, comenzó a inundar los medios de comunicación con una campaña a favor del uso del preservativo, bajo el eslogan: “Póntelo, pónselo”.

En aquellos años los preservativos eran un producto tabú. Había pueblos donde no te los vendían en ninguna farmacia, por razones religiosas o porque como les daba vergüenza no los tenían.

Aquella campaña del gobierno, que tuvo una gran difusión, generó un gran revuelo social y sirvió, al menos, para normalizar el uso del condón.

Para bien o para mal, aquel eslogan caló en la sociedad y corrió mejor suerte que la propia campaña. Pasados unos años el “póntelo, póselo” pasó a ser eslogan de una campaña de seguridad vial, haciendo referencia, en esta ocasión, al casco del motorista, porque la DGT se había percatado que la mayoría de los fallecidos en accidente de tráfico con motocicleta no llevaban puesto el caso.


 “Estampitas de coches” es el título de un libro editado por La Confederación Nacional de Autoescuelas en 1995. Javier Corominas, el que fuera Jefe Provincial de Tráfico en Palma de Mallorca, es su autor. Tiene ilustraciones del ibicenco Vicent Roig-Francolí, “FRANKY”, galardonado por la Jefatura de Tráfico en reconocimiento a la labor de educación vial que de manera indirecta reflejan sus dibujos publicados en Prensa.

El libro reúne, en sus 130 páginas, una serie de artículos y relatos divertidos de su autor relacionados con el automóvil y su entorno. En esta ocasión  reproducimos uno de ellos referido al eslogan de:

“ Póntelo, pónselo”.

 “Que no os vengan con monsergas, no os dejéis embaucar, no es lo mismo con el chisme puesto que sin él. Al colocároslo sentís la sensación de perder parle de vuestra maravillosa libertad; luego, el placer ya no será igual o notaréis encerrados, sujetos, envueltos en algo artificial que aísla y presiona  vuestra carne. Hay que señalar también la agresión que supone a vuestra sensibilidad estética, porque algunos de estos artilugios son verdaderamente horrendos. Bueno, pues a pesar de todas esas premisas negativas, bien válidas, y prescindiendo de lo que digan las campañas oficiales, el clero, las cartas al director, vuestros padres, vuestros tíchers  o el sursum corda, yo me permito aconsejaros que sí, que os lo pongáis, tíos porque el casco tal vez resulte incómodo, antiestético, corte el viento dela cara y, con él, parte del placer de la velocidad, y os aísle algo de las sensaciones  exteriores, puede ser, quizá sea verdad, pero si os pegáis la piña nada va a ser tan eficaz para proteger vuestro preciado coco (al que tanto amáis) y vuestras queridas vértebras cervicales (que también estimáis  mogollón) como un buen casco.

Ojalá  no os deis nunca la castaña, pero, por si acaso, más vale que os mováis por ahí con el cacharro puesto”.