martes, 15 de septiembre de 2020

TEST Nº 1


¿CUÁNTO HACE QUE TE SACASTE EL PERMISO DE CONDUCIR?
¿ESTÁS AL DÍA DE LAS NORMAS DE CIRCULACIÓN?

COMPRUEBA TUS CONOCIMIENTOS

1    ¿A qué vehículos de transporte de mercancías prohíbe pasar esta señal?
A.     A los de más de 3.500 kg. de M.M.A. solo cuando              llevan  carga.
B.    A los de menos de 3.500 k. M.M.A.
  C.    A los de más de 3.500kg. de M.M.A.  con carga o            sin carga.






2   Para adelantar al grupo de ciclistas, el vehículo rebasa la línea continua y ocupa el carril destinado a la circulación en sentido contrario; ¿es correcto su comportamiento?


            A.  Sí, y debe guardar una separación  lateral de, al          menos,  1,5 metros.
    B.  Solo es correcto si no existe  una señal vertical que prohíba adelantar.
          C. No porque en este tramo de vía está prohibido adelantar.
  d

3.   Si sufre una avería y tiene que salir de su vehículo, ¿en cuál de los siguientes casos debe utilizar  el chaleco reflectante?


   A. Al ocupar el arcén en vías interurbanas.
   B. Solamente al ocupar la calzada o el arcén en             autopistas o autovías.
     C. Al ocupar la calzada en vías urbanas. 





4. Si entra en una curva a la izquierda a velocidad excesiva, la fuerza centrífuga, ¿puede afectar a la trayectoria del vehículo?
    A. Sí; se desplazará hacia  el exterior de la curva.
    B. Sí; se desplazará hacia cualquier extremo de la calzada.
    C. No; la fuerza centrífuga no afecta a la trayectoria del vehículo.

5. ¿Cómo se denominan los costes de pérdida de vidas, de capacidad productiva y el sufrimiento físico y psicológico que tienen lugar como consecuencia de un accidente de tráfico?
    A. Costes sanitarios.
   B. Costes materiales.
   C. Costes humanos.




6. Si ningún elemento impide su funcionamiento eficaz, ¿qué sistema de seguridad pasiva evita que, en caso de accidente, se produzca el efecto submarino?

A. El airbag.
B. El reposacabezas.
C. El cinturón de seguridad.









7. Se considera peatón a la persona...

A. que, sin ser conductor, transita a pie por las vías públicas.
B. a cuyo cargo está un animal o animales.
C. que circula con una bicicleta.





8. El consumo de drogas de abuso o ilegales, ¿afecta a la seguridad vial?

A. No, en absoluto.
B. Sí, ya que alteran de modo importante las capacidades del conductor.
C. Solo si el conductor no está habituado a consumirlas.




9. Durante la conducción, ¿qué horas son especialmente propicias para la aparición del  sueño?


   A. Las últimas horas de la mañana.

   B. Las horas de la madrugada y las
primeras horas de la tarde.
   C. Las últimas horas de la tarde y

las primeras de la mañana.


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10. En un turismo con cinco plazas autorizadas, incluida la del         conductor, ¿está permitido transportar a seis personas?


A. No.

B. Sí, siempre que no se supere la masa máxima              autorizada del vehículo.
C. Solo cuando al menos uno de los ocupantes sea            menor de edad.




11. Una vez finalizado el estado de alarma por el COVID-19 y establecida la nueva normalidad, los ocupantes de un vehículo particular que esté circulando por vías públicas, ¿están obligados al uso de mascarillas?



A. No, cuando el único ocupante del vehículo         sea el conductor.

B. Sí, aunque todos sus ocupantes convivan en      el mismo domicilio.



C. Sí, cuando un tercio de los ocupantes del           vehículo sea mayor de 70 años.



12  A los peatones que utilicen monopatines o patines en ningún caso          les está permitido





          A. ser arrastrados por otros vehículos.
          B. circular por el arcén de una travesía.
          C. circular a paso de persona por las aceras.

13. Los efectos secundarios de los medicamentos que alteran la capacidad de conducción, ¿se
manifiestan de la misma manera en todas las personas


A. Solo si el tratamiento médico se prolonga en el tiempo.
B. Sí; sus efectos son idénticos para todas las personas.

C. No; pueden variar por diversos factores, como la edad o el estado físico del conductor.



14  ¿Están obligados los conductores de motocicletas a llevar un chaleco reflectante de alta visibilidad?






A. Sí.

B. Solo cuando circulen por vías interurbanas.
C. No







15 ¿Es peligroso introducir una dirección en un navegador GPS mientras se conduce?


A. Solo si el navegador no está integrado en el vehículo.
B. No, porque es una ayuda para conducir con mayor seguridad.

C. Sí, ya que distrae al conductor





(FUENTE: Revista  Tráfico)























 




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domingo, 6 de septiembre de 2020

LA TAREA DE CONDUCIR, EL DILEMA DEL CIEMPIÉS Y LOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DEL TRÁFICO


(II)

EL PRINCIPIO DE RESPONSABILIDAD Y EL DE CONFIANZA


Principio de la responsabilidad: Se basa en el cumplimiento por parte del conductor de la normativa existente, evitando ser un peligro u obstáculo a los demás usuarios de la vía, teniendo  el comportamiento adecuado en cada momento y asumiendo las consecuencias de sus propios actos.

Este principio se deprende de los que dice el artículo 10.2 del  texto refundido de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial:  El conductor debe utilizar el vehículo con la diligencia, precaución y atención necesarias para evitar todo daño, propio o ajeno, cuidando de no poner en peligro, tanto a sí mismo como a los demás ocupantes del vehículo y al resto de usuarios de la vía.

Este principio abarca a todos los usuarios de la vía

Es básico asumir la responsabilidad de nuestros actos y las consecuencias derivadas de los mismos. Por tanto, el conductor de un vehículo  a motor es responsable, en virtud del riesgo creado  de los daños causados a las personas o en los bienes con motivo de la circulación.




Principio de confianza: Este principio lo podemos considerar desde un punto de vista jurídico o desde la seguridad vial.

Si se hace desde un criterio jurídico, su objetivo será despejar responsabilidades jurídicas cuando ya se ha producido el accidente. Sin embargo, si lo hacemos teniendo en cuenta la seguridad vial, el objetivo será evitar que se produzca el accidente. Se podría decir que es un principio de prevención.


Es un principio de creación jurisprudencial que surgió en Alemania, a mediados del pasado siglo XX  para limitar la responsabilidad por imprudencia en el ámbito del tráfico viario.

El progresivo aumento del tráfico y el creciente número de casos en los que el accidente con resultado lesivo aparecía condicionado por una actuación incorrecta de terceras personas llevó a los tribunales alemanes a introducir en este ámbito un nuevo criterio de solución, conforme al cual se le reconocía a los conductores la posibilidad de confiar, por regla general, en la conducta correcta de los demás participantes del tráfico.

De esta forma, los tribunales alemanes pretendían limitar el excesivo alcance del criterio de la previsibilidad, eximiendo a los conductores de la obligación de adaptar su comportamiento a las posibles o previsibles actuaciones incorrectas de terceros.

Desde un primer momento, la jurisprudencia, primero en Alemania y más tarde en España, se mostró muy vacilante acerca de las razones por las que reconocía la posibilidad de confiar en que los demás usuarios cumplirían con la normativa.

Después de su inicial reconocimiento en el ámbito del tráfico, el
principio de confianza ha ido experimentando una progresiva expansión en su ámbito de aplicación. Esta expansión, aunque refleja la creciente importancia que ha ido adquiriendo este principio en los últimos años, no ha servido, sin embargo, para aportar suficiente claridad sobre su verdadero alcance y significado.

Con anterioridad a establecerse el principio de confianza, se exi-gía a los conductores que su conducta en el tráfico viarios se adaptara al posible comportamiento irresponsable de los demás usuarios conforme al criterio de previsibilidad, limitando la posibilidad de confiar.




En España, el reconocimiento del principio de confianza se produjo algunos años más tarde, de manera bastante parecida al de Alemania; después de un tiempo en el que la responsabilidad por imprudencia de los conductores se hacía depender exclusivamente de criterios como el de la previsibilidad o el de la velocidad excesiva, el Tribunal Supremo proclamaba la vigencia de este principio en el ámbito del tráfico viario, otorgándole el mismo significado que los tribunales alemanes.

Sin embargo, si se analizan las diferentes manifestaciones doctrinales y jurisprudenciales acerca del principio de confianza, puede comprobarse, efectivamente, que hay varios aspectos sobre los que no parece existir suficiente acuerdo.

Según varios expertos en derecho, la necesidad de reconocer el principio de defensa con el que destacar la importancia de la seguridad frente al interés de la fluidez del tráfico, la jurisprudencia ha relativizado la vigencia del principio de confianza, llegando en ocasiones a proclamar la existencia de un deber de contar con las
conductas incorrectas de terceros.

Pero dejemos estas cuestiones para los estudiosos de la jurisprudencia y veamos el principio de confianza llamado también de expectativa desde la seguridad vial propia y la de los otros usuarios.

De acuerdo con este principio, el de confianza, todo partícipe en la circulación rodada que se comporte reglamentariamente tiene derecho a esperar, en expectativa legítima, que los demás usuarios de la via, sean conductores de vehículos o peatones, harán uso adecuado de la misma y cumplirán las normas que regulan la circulación por ella.

Todos los conductores necesitamos circular con la relativa certeza de saber que los demás usuarios van a respetar las normas establecidas para la circulación. El saber qué van a hacer los demás y cómo lo van a realizar, nos  dará la tranquilidad suficiente, para anticiparse y prevenir situaciones más o menos peligrosas y actuar adecuadamente en cada caso para evitarlas.

En consecuencia, quisiéramos enfatizar que el principio de confianza en la normalidad del tráfico está basado en el cumplimiento estricto de las normas que regulan la circulación por parte de todos los usuarios de la vía.

Cuando este principio se rompe, es decir, que, si  yo confio en que el conductor que se aproxima a un cruce en el que tengo prioridad y él no respeta la preferencia, habrá un accidente. Por eso esta presunción de confianza, en ningún momento debe suponer una disminución de la vigilancia, y debemos desconfiar ante cualquier indicio del comportamiento inadecuado por parte de los demás usuarios de la vía y actuar en consecuencia.

El principio de confianza lo debemos subordinar a al principio de seguridad o de defensa, según el cual todo conductor debe prever los posibles comportamientos incorrectos de los demás.

Este otro principio, el de defensa o de seguridad, lo dejamos para otra ocasión.

Como decía mi amigo, el sindicalista, que la seguridad vial os acompañe en vuestros desplazamientos.



viernes, 7 de agosto de 2020

¡AVISO A NAVEGANTES!

 

No  sé muy bien para quien escribo estas líneas, pero  sé muy  bien por qué las escribo.

Porque veo cada día chavales  por la calle sin mascarilla o con ella al codo— mirando la pantalla de su móvil y enganchados a Tik-Tok, esa red social que ya supera en descargas y usuarios a Facebook. También veo chavales cuyo comportamiento es todo lo responsable y solidario que se  les puede pedir.

Alguno de ellos bien  pudiera ser su hijo, su sobrino, su nieto, su primo o su vecino. Por su actitud, la de los que van sin mascarilla,  me parece que van de sobrados por la vida,  que están algo empanados con sus móviles y sus aplicaciones y que fluyen tal cantidad de hormonas de su cerebro, que a éste ya no le llega para entender lo de la mascarilla. No la llevan o la llevan al codo, moda estúpida de la que cada dia se ven más seguidores.

Puede que a todos estos, el virus no les mate, ni siquiera les inoportune, pero debiéramos hacerles entender que, de seguir así, harán que todos tengamos que encerrarnos, de nuevo, en casa y, además, no van a encontrar trabajo en su vida. La salud de los demás les importe poco menos que un bledo.

Supongo que creen que esto del  coronavirus, que por lo visto ha venido para quedarse, no va con ellos y piensan, dada su juventud, que son inmunes al contagio. Le han perdido el respeto al bicho. El mensaje de que la COVID afecta principalmente a los más mayores  ha calado en ellos.

No piensan que su comportamiento es como una llama que se propaga hacia un peligroso polvorín: el contagio a personas de alto riesgo, entre los que pueden estar sus padres, abuelos, tíos y vecinos. Amigo navegante, no solo tú te pones malo, sino que puedes contagiar a la gente que más quieres.

La media de edad de los contagiados en marzo era de 63; la media de edad de las últimas semanas está en 36/38.

Los últimos datos muestran un incremento significativo de los contagios entre jóvenes. El informe del Instituto de Salud Carlos III, del 23 de julio pasado contabiliza 7.730 casos entre personas  de 15 a 29 años desde el 10 de mayo. Esto e significa un 21.7% del total y un 56% más que una semana antes.

Sin ir más lejos y  tal y como  desprende de los datos de la Consejería de Salud Andaluza, mientras que en marzo y abril los positivos que rondaban entre de 15 a 29 años apenas representaban un  3% del total en la comunidad andaluza, pero desde finales de julio y comienzos de agosto se ha multiplicado hasta diez veces más. Así, de los positivos el 2 de agosto, el 40% tenía menos de 30 años. Son datos para preocuparse.



 A muchos jóvenes les pueden más las relaciones sociales que el miedo al virus. Para estos, los amigos son la prioridad número uno. Es normal escuchar el esto no va conmigo o pensar que no les puede ocurrir, que es cosa de mayores.  Pero como den lugar a que la llama de los contagios llegue a prender el polvorín, se saturaran de nuevo los hospitales, nos rondará la muerte, en especial a los que estamos en ese grupo de alto riesgo, se cerraran bares, restaurantes, y muchas empresas y volveremos a otro confinamiento.

Díganle, por favor, a ese que no se la pone,  que si no le da la gana de llevar la mascarilla por  por usted, por las personas que quiere, que por lo menos lo haga por él mismo. Puede que muchos mayores muramos por su comportamiento insolidario, pero él y sus colegas las van a pasar canutas en un futuro no muy lejano.


sábado, 18 de julio de 2020

domingo, 12 de julio de 2020

PERO USTED TIENE UN MONTÓN DE AÑOS


Era nuestro primer día de playa, el de mi mujer y el mío. Nos levantamos temprano. De casa a la playa, no más de diez minutos en coche. Sobre las ocho y  media ya lo teníamos  aparcado justo enfrente de donde solemos colocar la sombrilla y las toallas. Antes de pisar la playa, nos desplazamos hasta una cafetería cercana a tomarnos un café  con churros. Era la primera vez,  de este atípico año, que las  visitábamos, la playa y la cafetería.  Degustamos un café y  unos excelentes churros. Alrededor de las nueve y media ya teníamos montado el “chiriguinto” ,  sombrilla, sillas y toallas. No éramos mucha gente. Todos respetando la distancia “social”. A esas horas, casi todos, gente mayor. Los padres con sus hijos y los abuelos con sus nietos empiezan a llegar una hora o dos más tarde. Dejan que duerman los  niños.

Arena limpia, la mar tranquila y una refrescante brisa que te acaricia la piel. Todo a favor para una relajante mañana de playa. Pero, a veces, el destino nos reserva  sorpresas.


Serían las once y media, y  después de una prudente sesión de sol y un refrescante baño decidimos recoger el “chiringuito”, subir al coche y regresar a casa.


Ya sentado delante del  volante, introduzco la llave de contacto en el mecanismo que procede, la giro y…¡oh sorpresa!, el sistema de arranque no responde; el motor no se da por enterado de que necesito que arranque para regresar a casa.

Si por sistema se entiende el conjunto de elementos que relacionados ordenadamente entre sí contribuyen a alcanzar un determinado objetivo, en este caso sería arrancar el motor del coche, uno de ellos no quiere  relacionarse con el resto.

 En cualquiera de los diferentes sistemas de un automóvil, sea en el de encendido, en el de transmisión, en el de refrigeración o en cualquier otro, hay un conjunto de elementos con una función especifica y que interrelacionados entre sí logran el objetivo propuesto: hacer que salte la chispa en la bujía en el momento preciso y con la intensidad necesaria, hacer que arranque el motor, hacer que la fuerza mecánica del mismo se trasmita a las ruedas motrices, evacuar el calor que produce el mismo y mantenerlo a temperatura adecuada para su correcto funcionamiento etc., etc.

Cada uno de los elementos del sistema están considerados como algo más que simples piezas aisladas. En cada una de esas piezas se nota la influencia de las demás.

Si en los momentos de planificación y montaje del sistema se puede determinar su comportamiento con un pequeño margen de error, se dice, entonces, que el sistema es "determi­nis­tico".  El motor arrancará cuando yo gire correctamente la llave de  contacto, se detendrá cada vez que presione con energía el freno. En cambio, cuando nos encontramos con un sistema que no podemos determinar, sin un elevado margen de error, las relacio­nes entre sus elementos y el comportamiento final se denomina "probabilis­tico”. Asi ocurre con cualquier sistema de educación o de formación.

 Pero volvamos al contratiempo que nos amargó nuestro primer dia de  playa del año del coronavirus.

En vista de los sucedido, llamé a mi compañía del seguro, hablé con el servicio de asistencia, les expliqué lo que pasaba y me dijeron que me enviaban una grúa.

Mientras tanto, mi mujer se desplazó a una parada de taxis cercana para regresar a casa, el coste de la carrera del taxi, seguro que estaría por debajo de los diez euros.

El gruista, un chico joven con cara de “espabilao”, apareció al cabo de una hora y pico.

— ¿Qué le ocurre?— me preguntó con aire de autosuficiencia.

— Creo que me he quedado sin batería — le contesté.

Se queda mirándome y me dice:

— Pero usted tiene un montón de años.

— ¿Cómo? No te entiendo. ¿Qué quieres decir  — le contesté con cara de asombro, aunque él no la viera porque yo llevaba puesta la consabida mascarilla.

— No…nada que es muy mayor.

— Muy mayor para qué. ¿Acaso quieres decir que ya no debiera conducir?

— No, no,… yo no he querido decir eso.

— ¿Entonces?

Sonó su móvil y contestó:
— Te llamo luego, colega.

— Pero ya que has dicho que tengo un montón de años, ¿cuántos  crees que hay en ese montón? — insistí en el tema sin acritud y sin enfado alguno.

— Pues no lo sé— me contestó.

Me pidió las llaves del coche. Abrió el capó y a continuación entró en el coche, giró la llave igual que hice yo, salió y me dijo con aires de un gran experto: 

— Efectivamente, es la batería.

Se desplazó hasta su grúa y trajo un recargador de batería portatil.

— ¿Me lo sujeta?

— Por supuesto.

Conectó las pinzas del recargador a los bornes de la batería, se sentó de nuevo en el coche, giró la llave y el motor arrancó sin problemas.

— Lo que le he dicho, la batería — me dijo mientras recogía su instrumental.

— Ya. Pero ¿cuántos  años crees que hay en ese montón que has dicho? — insistí en el tema sin acritud y sin enfado alguno.

— Pues no lo sé, muchos supongo.

— Te lo voy a decir: tres menos que el cuadrado de nueve.

— ¿Y cuántos son? — me contestó

— Indaga, consulta o pregunta por ahí porque aun estás en edad de aprender muchas cosas— le contesté.

He de reconocer que me apesadumbré más por lo del montón de años  que por el contratiempo de la batería. Aunque he de decir que el trato del chico "espabilao" o fue  correcto y educado en todo momento.





miércoles, 17 de junio de 2020

LA TAREA DE CONDUCIR, EL DILEMA DEL CIEMPIÉS Y LOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DEL TRÁFICO


(I)

El conductor o conductora pasa en la autoescuela por un aprendizaje cognitivo y un aprendizaje motor. Con el tiempo acumula kilómetros y automatiza todas las tareas necesarias para conducir. Llega el momento que lo hace  de forma automática, sin pensar. Es entonces cuando manifiesta que conducir es una actividad simple y sencilla, pero no lo es. Es una tarea con un grado alto de complejidad.

Durante sus desplazamientos, el conductor ha de ir, constantemente, haciendo ajustes a la trayectoria que recorre su vehículo. Para ello necesita captar, identificar e interpretar informaciones, analizarlas y, en base a ello, prevenir y tomar decisiones para llevarlas a la practica en un conjunto de acciones ejecutadas correctamente, a la vez que controla los efectos de esas acciones mediante feed-back, que le sirve para procesar nueva información. Y así de forma continua y sin solución de continuidad mientras está a los mandos del vehículo. Conducir es una actividad  no difícil pero sí bastante compleja, aunque a los conductores con cierta experiencia no se lo parezca.


Las tareas básicas de esta actividad se pueden resumir en cuatro: percepción, previsión, decisión y acción. Unas de carácter cognitivo y otras de carácter motor.


Percepción

El conductor percibe, a través de los sentidos, toda la información que le proporcionan el entorno (estado de la calzada, señales, fenómenos atmosféricos, otros vehículos, peatones, etc.), su propio vehículo y su estado psicofísico:

·       Del entorno: el estado y características de la via, señalización existente, situación y velocidad de los demás usuarios, condiciones climatológicas existentes en cada momento, etc.).
·       Del vehículo que conduce: potencia, velocidad, tamaño, capacidad de frenado, etc.
·       De sí mismo: seguridad en la conducción, cansancio físico o psíquico, etcétera.





 Previsión

Una vez procesada toda la información que ha recibido, prevé lo que va a ocurrir, sus consecuencias y decide lo que ha de hacer (frenar, acelerar, girar el volante, esperar, poner el intermitente, cambiar de velocidad, etc., etc.). En definitiva, la previsión no es otra cosa que anticiparse a lo que va a ocurrir o pudiera ocurrir con las conductas de los demás para facilitar la correcta utilización de nuestro entorno vial y por encima de todo evitar un accidente o un incidente previniendo de antemano que podemos dominar la situación.



Acción/ejecución

Es la última fase de la conducta del conductor: ejecutar con precisión lo que ha decidido. Y lo realiza de manera automática, casi sin pensar qué hacer y cómo hacerlo.

Desde que finalizó nuestro aprendizaje en la autoescuela, la tarea la hemos ido ejecutando de forma cada vez más automática, conforme el control es asumido por los centros inferiores del cerebro. Y ya nos encontramos ese estadio en el que la ejecución sobre los mandos del vehículo se  vuelve tan fluida y automática que cualquier conductor o conductora conduce su vehículo mientras está pensando en otras cosas. Así, al conductor de automóvil le resulta fácil, tras años de práctica, mantener con soltura una conversación con un pasajero mientras conduce su coche por la carretera. Lo hace de manera automática, sin pensar en qué orden ha de ejecutar cada uno de los movimientos requeridos. Acuérdense de las primeras prácticas en la autoescuela.


En la fase final, la destreza se ejecuta de forma cada vez más automática, conforme el control es asumido por los centros inferiores del cerebro. Este es el estadio en el que la ejecución se vuelve tan fluida y automática que la persona puede poner en práctica la destreza mientras está pensando en otras cosas. Así, al conductor de automóvil le resulta fácil, tras años de práctica, mantener con soltura una conversación con un pasajero mientras conduce su coche por una carretera sinuosa o por una autopista haciendo las pertinentes correcciones.







Y llegado a este punto, me viene a la memoria “el dilema del ciempiés”. Es un poema corto que le da nombre a un fenómeno psicológico llamado el efecto ciempiés o el síndrome del ciempiés. 
Un ciempiés paseaba contento
Hasta que un sapo burlón
Le dijo: «Cuéntame, ¿en qué orden mueves las patas?»
Le llenó de dudas hasta tal punto
Que cayó exhausto en el camino
Sin saber cómo correr.
 El efecto ciempiés tiene lugar cuando una actividad que normalmente se realiza de forma automática se interrumpe por ser consciente de ella o por la reflexión sobre la misma. Por ejemplo, que un conductor o conductora se concentre demasiado en el orden en que ha de actuar sobre los mandos de su vehículo puede perjudicar el desempeño de la tarea. Este efecto también se conoce como  la ley de Humphrey ya que fue planteado por el psicólogo George Humphrey en 1923. En sus propias palabras: Es una rima psicológica. Contiene una verdad profunda que aparece cada día en la vida de todos nosotros. El ciempiés de quedó trabado cuando intentó pensar en el orden en que movía sus pies.
LaS vías públicas son espacios que debemos compartir. Todos los que las usamos, sea como peatones o conductores, estamos obligados a tener comportamientos que nos ayuden a circular de manera segura, fácil, cómoda y con fluidez.

Para alcanzar esa seguridad deseable no es suficiente con ser un experto en el manejo del vehículo, conocer las normas y señales de tráfico y cumplir con ellas. Es además  que nuestros comportamientos se rijan por los principios fundamentales que rigen la circulación.

Dado que ni en la Ley de Seguridad Vial ni en el Reglamento General de Circulación existe precepto concreto que exprese cuales son estos principios hay que decir que aparecen diversificados en su articulado.


Hay normas para los conductores, los ciclistas, los peatones. Todas esas normas que se aprendieron en la autoescuela están dispersas a lo largo de su articulado, pero no definen de manera expresa cuales son los principios que deban regular la circulación, pero ¿cuáles son esos principios? He aquí los fundamentales:

·       Principio de la confianza en la normalidad del tráfico.
·       Principio de la responsabilidad.
·       Principio de la seguridad o de la defensa.
·       Principio de la circulación dirigida.
·       Principio de la integridad corporal.
·       Principio de la señalización.

De no cumplirse estos principios, el tráfico vial no sería ni posible.


 * Comentaremos estos principios en una próxima entrada.